Cómo evitar que se pierda la pasión sexual

Todo el mundo sabe que al principio, ESO sucede todo el tiempo y luego, conforme las relaciones avanzan, ya no decimos que es porque estamos demasiado ocupados, o cansados, o simplemente no tenemos “ganas”. Pero, ¿por qué desaparecen estas dichosas “ganas”? Para entender esta emoción, tenemos que volver a los primeros días, cuando sentíamos profundamente estas ganas más o menos a cada hora. Lo que era emocionante fue nuestra capacidad de tocar, abrazar, acariciar en resumen: POSEER a alguien que no estaba del todo a nuestro alcance. Alguien que era independiente y libre de alejarse de nosotros y sin embargo, milagrosamente elegía no hacerlo.

Expresado en forma de ecuación: ATRACCIÓN SEXUAL = POSESIÓN + LIBERTAD. El deseo excitante de estar dentro del corazon y cuerpo de otra persona, se deriva de un activo y fascinante asombro que nos ha permitido estar tan cerca y en algún lugar del subconsciente, un preocupante sentimiento de que podría no serlo para siempre. Lamentablemente, que nos guste alguien, significa que casi siempre queremos reducir su capacidad de sobrevivir sin nosotros. De la forma mas amable, intentamos mermar la libertad de la persona que amamos y así, poco a poco, matamos el espíritu de independencia que había sustentado nuestro deseo al comienzo.

 

Hay algo más que desgasta al deseo sexual: el miedo, ya que por extraño que pueda parecer, pedir a alguien tener relaciones sexuales con nosotros, por lo general tiene un elemento de riesgo implícito: la otra persona podría decir NO o en caso extremo: “Yo nunca quiero hacer ESO”. El sexo es una PETICIÓN y para hacer una petición, tenemos que sentirnos razonablemente seguros respecto al rechazo.

Al principio, sentimos esta seguridad, porque a pesar de que no conocemos bien a nuestra pareja, somos independientes, tenemos nuestras propias rutinas, opciones y autonomía. Si no funciona, nos alejamos por amor, echamos por la borda los soportes de nuestra vida independiente, nos fusionamos y ya no tenemos mucho a lo que podemos llamar del todo “mío” y mas.

 

Tenemos que hacer peticiones todo el tiempo, queremos elegir ese sofá que nos gusta, pedimos intensamente no ir a ver a sus padres para navidad, dependemos de sus ingresos mientras volvemos a estudiar otro certificado profesional. En estas circunstancias, otra petición más podría parecer ser demasiado. Así que nos guardamos eso que queremos hacer con aquella máscara, o las botas altas y talladas.

Ya no estamos dispuestos a salir mal parados en las negociaciones diarias que hacemos con nuestra pareja. Parece más fácil dejar así las cosas y puede sonar extraño, pero hay una cosa que es casi garantizada para reactivar el sexo: una gran discusión con una posibilidad real de separación.

 

La mayoría de separaciones suelen suceder curiosamente en el dormitorio, porque aquí salen a la luz dos cosas, cuya aparente ausencia había desgastado gravemente el sexo. En primer lugar, la noción de que ambos podrían teóricamente alejarse el uno del otro.

Y en segundo lugar, la noción de que tú podrías, aunque no necesariamente con facilidad, sobrevivir independientemente. Podrías, si realmente quisieras, construir tu propio castillo una vez más, retomar tu propio destino, y abrazar de nuevo a la existencia como un ser independiente. El buen sexo necesita todo esto.

 

Está construido de un sentimiento de LIBERTAD y una fuerte SEGURIDAD EN UNO MISMO, los cuales, paradójicamente, pueden tornarse escasos con el tiempo. Para volver a la emoción de los primeros días, tenemos que aprender las mejores y más profundas lecciones acerca de las rupturas amorosas, idealmente, sin tener que pasar por el proceso tan triste y doloroso de llegar en realidad a vivirlo.